Durante la lectura del libro desde la adversidad, siguiendo las asombrosas vidas de estos líderes, no pude dejar de preguntarme: ¿cuántas veces me tope con ella en mi vida? ¿Cuán rodeada estoy de personas, que una y otra vez, tuvieron frente a la adversidad, actitudes tan meritorias como la de los protagonistas que estuve leyendo?
Quizás muchos de nosotros, no nacimos o quedamos ciegos, no tuvimos accidentes que nos inmovilizarán, no padecimos de cáncer, etc., sin embargo, muchas veces fuimos mutilados, silenciados y atacados. Muchas veces sentimos el dolor más fuerte que el alma humana puede sentir: perder la conexión vida; “quien tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo” citan en el libro, ahí esta el puntapié para luchar y seguir adelante.
¿Qué nos pasa que perdemos ese detalle de vista? ¿Serán los tiempos que corren? ¿La falta de valores? ¿Las organizaciones en las que nos vemos envueltos? Siempre puede haber excusas en el exterior, pero estos protagonistas toman la decisión más dura, mirar en su interior. No es necesario mirar hacia afuera para encontrarnos con miserias, egoísmos, enojos, etc.
Muchas veces hay que tocar fondo para encontrarnos, para atrevernos a mirarnos, y bien como mencionan en este libro, “sólo a través de experiencias de sufrimiento y prueba el alma del ser humano se fortalece, la visión se aclara, la ambición se inspira y eleva, y el verdadero éxito se alcanza”.
Como el autor y tantos de estos protagonistas, tengo la profunda creencia de que somos seres de infinitas posibilidades, que tenemos más recursos de los que creemos, ¿cómo lo sé?, porque diversas veces pensé que ya todo había terminado, que no me quedaban más fuerzas, que la lucha ya no valía la pena, y mil veces mas una, me encontré re-iniciando ciclos dados por terminados, sacando fuerzas de lugares que aún desconozco, luchando por una causa que creo justa.
Uno de los mayores errores no es a mi entender entregarse, hay momentos en que es necesario hacerlo, ya que a lo te que resiste, persiste; sin embargo, sí lo es parar la marcha, quedarse soñando en subir la montaña y nunca hacer nada para ello, como menciona Goethe: “lo que puedes hacer, o sueñes que puedes hacer, empieza”. No importa el resultado, sino el proceso, el camino, el aprendizaje que vamos ganando. Ahora nunca más que oportunas las palabras de Robert D`Harcourt, “el hombre sólo progresa transformándose. Los tontos reprochan los cambios de opinión como injuria. ¡Bah! Mejor es contradecirse que petrificarse”.
Para saber lo que era ganar tuve que aprender lo que era perder, para disfrutar de la alegría tuve que conocer la tristeza, para elegir la vida tuve que estar cerca de la muerte.
Toda crisis comienza con la negación, nos decimos, “esto no me puede estar pasando”, dicen que la mente necesita negarlo primero para procesar y digerir los miedos. Estos miedos nos generan un profundo conflicto, tratamos de aparentar que todo esta bien, reprimirlos, pero por dentro vivimos en una lucha que no da tregua, olvidamos que sólo gestionando el conflicto se llega a la paz.
Pasada la negación y el miedo, tenemos que negociar con nosotros mismos, dejar de mirar y analizar lo que ha sucedido, y pensar y concentrarnos en lo que vamos a hacer, en cómo vamos a afrontarlo. Pero el camino no termina allí, uno ya no sigue enfadado con las personas de afuera (familia, mundo, Dios) sino con uno mismo, y es así que se logra llegar a la etapa final de este proceso, volver a buscar dentro nuestro la esperanza, esa dimensión del espíritu que llevamos en el interior. El aprendizaje final de este carretera la simplificó con éstas palabras del autor: “el secreto es simplemente creer y sentir de verdad que somos valiosos, que seguimos siendo nosotros”.
El haber adquirido este conocimiento, de haber transitado esta vía, no implica, como pudimos ver, la falta de miedo, pero si implica coraje, esa facultad del espíritu humano que te faculta para enfrentar un peligro con firmeza. También implica aceptación y optimismo. Aceptar aquellas cosas que no podemos cambiar y mantener en el corazón esa fuerza que a pesar de todo, nos invita a ir por más, a seguir luchando, a seguir desafiándonos, a mantenernos en la acción en lugar de marchitarnos de la desesperación.
Aún en las condiciones más precarias, podemos elegir poner en lograr nuestro objetivo, la suficiente voluntad y perseverancia, sacrificio y constancia, humor y pasión. Es a través del esfuerzo y del trabajo, que el hombre se va realizando progresivamente, se va recreando a sí mismo.
Podemos elegir estar en el papel de aprendices, donde tenemos preguntas que formular, dudas que compartir, deberes por hacer, polémicas que entablar, estupideces que reconocer, errores que cometer, mensajes que interpretar, curiosidades por saciar.
Debemos ser honestos en cuanto a nuestras debilidades y estar abiertos para intentar cosas nuevas y así poder superarlas.
Estar dispuestos a desaprender o a reprogramar aquellas cuestiones que lo requieran; la vida cambia cuando menos lo esperamos, y debemos estar preparados. Por todo ello el hoy se vuelve más significativo que nunca y hay que vivirlo conscientemente, resumiéndolo en las palabras de un gran protagonista: “usa tus ojos como si mañana te fueras a quedar ciego, escucha la música de las diferentes voces humanas, el canto de los pájaros…. toca cada objeto como si mañana fueras a perder el sentido del tacto”.
Recordar permanentemente que “el interés principal del hombre no es encontrar el placer, o quitar el dolor, sino encontrarle un sentido a la vida” (V. Frankl).
La vida es una escuela de aprendizaje, algunos podemos elegir dar cada materia, otros quizás se queden con el nivel básico, pero lo más importante es poder cursarla, estar dispuestos a pagar la matricula, sabiendo que al final que para el diploma sólo dependemos de nuestro propio esfuerzo. Sabiendo que alguna vez podemos bochar con el profesor más difícil pero que también siempre hay otra oportunidad para aprobar esa lección.
Natalia
TP presentado en la facu sobre el Libro Desde la Adversidad