sábado, 20 de junio de 2009

Esa sombra llamada soledad.

Se aproximaba el invierno, lo tenía todo planeado, víveres por tres meses, suficiente agua potable, la leña necesaria para darle batalla al duro clima, sin embargo, cuando llego esa insensible estación, nada de ello le sirvió.
Pensó: quizás si hecho más leña al fuego mi hogar estará más tibio, pero no resultaba. Probaré con una tasa de chocolate caliente, de todas formas su alma seguía helada.
Miro alrededor y dijo: “¿qué pudo ser lo que olvide?, lo planeé todo con antelación, sabía que sería un duro invierno, ¿en qué falle?”.
Siguió observando cada espacio de su casa y al cabo de un tiempo pudo aún oler el aroma del chocolate caliente, escuchar el chispeo de la leña en el hogar y también escucho la soledad.
Se repudió una y otra vez, preguntándose para que había hecho tanto esfuerzo, para que tener todo los bienes necesarios, para qué!!, si aún sentía ese escalofrío que le recorría el cuerpo. Al cabo de unos minutos lo supo, esa sombra llamada soledad lo estaba acompañando. Había estado tan ocupado haciendo planes y buscando todo lo necesario para sobrevivir que olvidó que lo único que mantiene al corazón latiendo es el amor.
Exclamó: todo está perdido!, no lograré sobrevivir a este duro invierno que me hace dolor los huesos, que me quita el aliento, que se roba mi esperanza. Cuando estaba a punto de abandonar su suerte al destino, alguien golpeó a su puerta, era una muchacha de tez pálida, le dijo que venía desde lejos y no tenía donde quedarse, que su viaje le llevó más de lo pensado y que ahora estaba con las horas contadas.
Fue así que ellos, cada uno con sus propios planes se cruzaron en un camino no planeado. Y de ello aprendieron una importante lección, no importa cuanto nos preparemos, cuanto planeemos, cuantos bienes acumulemos, nada se compara a la compañía del verdadero amor, aquel que nos anima el alma, que nos enciende una chispa en el corazón, capaz de desafiar cualquier dura estación.
Natalia

martes, 9 de junio de 2009

Ir, ir y seguir yendo.

Ir, ir y seguir yendo fueron las palabras que resonaban en sus oídos, Ir, ir y seguir yendo hacia su meta, en busca de aquello que tanto soñó, por lo que mucho lucho, aquello que hacía que las noches fueran de insomnio, que la descubría sonriendo sin tener motivos.
Siempre supo en el fondo de su corazón que algún día lo conseguiría, a pesar de esas noches en las que la oscuridad todo lo teñía, tratando de robarle esa sonrisa y provocándole un mar de lágrimas, en las cuales parecía no haber palabras que consuelen, en las que no había salvavidas posible de usar, en las que el camino se veía difícil de transitar.
Nunca negó que el camino fuera arduo, sin embargo, sólo se repetía una y otra vez: “ir, ir y seguir yendo”. Seguir mirando hacia delante, sin temor por lo que ya paso, sabiendo que fueron lecciones que debía aprender para seguir marchando.
Nunca negó que hubo días en que la respiración se le acabo, que quedo sin aliento gritando con dolor, que el corazón se partía de la desesperación.
Nunca negó la soledad que provoca desafiar cada mirada de aquella gente que le decía que vivía equivocada, que dejará ya de andar, que para que luchar.
Pero también sabía que no existía sensación más alentadora que haber llegado, que haber alcanzado eso que tanto anhelo, haber logrado una sonrisa en otros, un abrazo de gratitud, una palabra desde el corazón.
Es por eso que ella apostó seguir yendo aunque en el fondo supiera, que nunca se termina el camino y tendrá que elegir una vez más ir, ir y seguir yendo… hacia una nueva meta, un nuevo sueño, una noche más de insomnio llena de risas y sobre todo llenas de paz en su corazón.
Natalia

domingo, 7 de junio de 2009

Sólo escucha tu corazón.

¿Qué puedo hacer? se preguntaba insistentemente sin encontrar respuesta alguna. Buscaba en cada plegaria la contestación, pedía a la luna que le diera una señal, viajaba largas distancias en busca de sabios que le dieran la respuesta que ella no lograba escuchar de su corazón.
¿Qué puedo hacer? ¿Para que estoy? ¿A dónde pertenezco? Había tanto ruido a su alredor que no oía nada. Miraba en sitios donde la soledad es lo único que encontraba. Cada día que pasaba perdía más las esperanzas, se preguntaba si alguna vez encontraría eso para lo que había nacido, eso que la hacia diferente a los demás.
Ya con sus fuerzas agotadas, pasado un tiempo dejo de buscar pensando que ya no había nada que encontrar. Y fue en esa soledad que tanto miedo le daba que lo logro escuchar. Su corazón le hablo y ella sólo sonrió. “Perdona corazón nunca supe que me hablabas, estaba tan desesperada buscando donde nada se encontraba. Ahora sé lo que tanta desazón me daba”
Natalia

sábado, 6 de junio de 2009

El muchacho del corazón de hielo.

Hace un tiempo atrás, encontré en mi camino un muchacho que si bien lo tenía todo, me confeso, que no sabía amar. Estaba rodeado de amigos, el éxito lo perseguía, su nombre era mencionado con respeto, pero no sabía amar.
Nunca le importó demasiado, podía respirar tranquilamente, podía ir de aquí para allá, aunque no supiera amar.
Hasta que un día se topo con ella, que tampoco sabia mucho de eso de amar. Sin embargo, su corazón estaba repleto de amor, era tan tibio como el sol de primavera, la dulzura la caracterizaba, su sonrisa lo curaba todo y su mirada todo lo encantaba.
Y así paso, se cruzaron y el muchacho no supo que hacer. Sintió que ya no podía respirar, que su corazón latía tan rápido que parecía explotar. Vino corriendo y me dijo: “he estado en feroces batallas, enfrentado enemigos casi invencibles, he conquistado muchos territorios, pero nunca supe eso de amar”.
Vi en sus ojos la necesidad de que le de una respuesta, una solución a un problema que creia difícil de resolver, no sé si le sirvió en aquel momento lo que le dije, sólo recuerdo que le mencione: “sólo déjate llevar, el amor siempre estuvo en ti aunque pienses que nunca supiste amar”. “El amor es la base de la vida, es la fuerza que te llevo a salir relumbrante en cada batalla, la fuerza que te hizo desafiar tus propios miedos frente a cada adversario, la fuerza que te trajo hoy aquí, preocupado por quererla amar”.
Me contaron que tiempo más tarde, vieron pasar al muchacho ya sin el corazón de hielo, tomando de la mano a una hermosa niña que todo lo teñía de colores.
Ahora entiendo que no hay respuesta más acertada que dejarse amar, abrir el corazón e ir por más, sin miedos de los dragones a los que uno tenga que desafiar.
Natalia

jueves, 4 de junio de 2009

El sueño nunca acabo.

Un día no muy lejano, desperte de un lindo sueño. En él reia, jugaba, volvía a ser niña otra vez. Quería seguir durmiendo para que no terminará, pero la realidad me despertó de una vez.
Segui cada día pensando en ese sueño, tratando de recordar cada detalle, pero más el tiempo pasaba, iba olvidando lo que soñaba.
Sin embargo, como caido del cielo, un ángel aparecio y me propuso vivir ese sueño cada día de mi vida. No dude un segundo y me apresuré a dormir, pero el ángel me dijo que no funcionaba así.
“Este sueño lo debes vivir despierta, debes reir, jugar y sentir que eres niña otra vez. Olvidar los detalles y sólo entregarte a sentir. No temer las decepciones y lanzarte a concebir, que la realidad puede ser un sueño que uno se atreve a vivir”.
Natalia
PD/-Gracias Gringo y Adri por devolverme una de las cosas que más quiero.