Se aproximaba el invierno, lo tenía todo planeado, víveres por tres meses, suficiente agua potable, la leña necesaria para darle batalla al duro clima, sin embargo, cuando llego esa insensible estación, nada de ello le sirvió.
Pensó: quizás si hecho más leña al fuego mi hogar estará más tibio, pero no resultaba. Probaré con una tasa de chocolate caliente, de todas formas su alma seguía helada.
Miro alrededor y dijo: “¿qué pudo ser lo que olvide?, lo planeé todo con antelación, sabía que sería un duro invierno, ¿en qué falle?”.
Siguió observando cada espacio de su casa y al cabo de un tiempo pudo aún oler el aroma del chocolate caliente, escuchar el chispeo de la leña en el hogar y también escucho la soledad.
Se repudió una y otra vez, preguntándose para que había hecho tanto esfuerzo, para que tener todo los bienes necesarios, para qué!!, si aún sentía ese escalofrío que le recorría el cuerpo. Al cabo de unos minutos lo supo, esa sombra llamada soledad lo estaba acompañando. Había estado tan ocupado haciendo planes y buscando todo lo necesario para sobrevivir que olvidó que lo único que mantiene al corazón latiendo es el amor.
Exclamó: todo está perdido!, no lograré sobrevivir a este duro invierno que me hace dolor los huesos, que me quita el aliento, que se roba mi esperanza. Cuando estaba a punto de abandonar su suerte al destino, alguien golpeó a su puerta, era una muchacha de tez pálida, le dijo que venía desde lejos y no tenía donde quedarse, que su viaje le llevó más de lo pensado y que ahora estaba con las horas contadas.
Fue así que ellos, cada uno con sus propios planes se cruzaron en un camino no planeado. Y de ello aprendieron una importante lección, no importa cuanto nos preparemos, cuanto planeemos, cuantos bienes acumulemos, nada se compara a la compañía del verdadero amor, aquel que nos anima el alma, que nos enciende una chispa en el corazón, capaz de desafiar cualquier dura estación.
Pensó: quizás si hecho más leña al fuego mi hogar estará más tibio, pero no resultaba. Probaré con una tasa de chocolate caliente, de todas formas su alma seguía helada.
Miro alrededor y dijo: “¿qué pudo ser lo que olvide?, lo planeé todo con antelación, sabía que sería un duro invierno, ¿en qué falle?”.
Siguió observando cada espacio de su casa y al cabo de un tiempo pudo aún oler el aroma del chocolate caliente, escuchar el chispeo de la leña en el hogar y también escucho la soledad.
Se repudió una y otra vez, preguntándose para que había hecho tanto esfuerzo, para que tener todo los bienes necesarios, para qué!!, si aún sentía ese escalofrío que le recorría el cuerpo. Al cabo de unos minutos lo supo, esa sombra llamada soledad lo estaba acompañando. Había estado tan ocupado haciendo planes y buscando todo lo necesario para sobrevivir que olvidó que lo único que mantiene al corazón latiendo es el amor.
Exclamó: todo está perdido!, no lograré sobrevivir a este duro invierno que me hace dolor los huesos, que me quita el aliento, que se roba mi esperanza. Cuando estaba a punto de abandonar su suerte al destino, alguien golpeó a su puerta, era una muchacha de tez pálida, le dijo que venía desde lejos y no tenía donde quedarse, que su viaje le llevó más de lo pensado y que ahora estaba con las horas contadas.
Fue así que ellos, cada uno con sus propios planes se cruzaron en un camino no planeado. Y de ello aprendieron una importante lección, no importa cuanto nos preparemos, cuanto planeemos, cuantos bienes acumulemos, nada se compara a la compañía del verdadero amor, aquel que nos anima el alma, que nos enciende una chispa en el corazón, capaz de desafiar cualquier dura estación.
Natalia

