Cuenta una vieja historia que hace no mucho tiempo atrás había una sencilla muchacha y un muy dulce y rebelde caballero.
Un día por esas casualidades de la vida sus caminos se cruzaron.
Él ya no creía en el amor, ella mucho menos.
Cansados de sanar sus corazones heridos no se percataban lo que estaba sucediendo.
Cada mañana ella le regalaba una tierna y vergonzosa sonrisa y él le devolvía una picara mirada.
Cada mañana él comenzaba a soñar con un beso y ella abrazaba una esperanza.
Cada mañana hacían como si nada pasaba.
Cada mañana sin darse cuenta se enamoraban.
Cuentan quienes alguna vez los conocieron que cuando nadie los veía se miraban tan profundamente que no hacían faltas las palabras.
Que el amor era tan grande que ya no hacía falta nada.
Ella se perdía en su mirada y él sólo necesitaba que lo abrazara.
Mucho se dijo sobre esta historia de amor, pero lo que nunca nadie discutió, es que realmente existió.
Muchos hablaron de su amor pero muy pocos saben cuando realmente todo comenzó.
Aún algunos recuerdan a la sencilla muchacha y al muy dulce y rebelde caballero y llegan preguntando sobre ellos, sólo les digo que no sé cuando fue que nació su amor, sólo que fue una hermosa mañana.
Natalia
lunes, 28 de marzo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
Un corazón herido.
Un día caminando por la calle me cruce con él, estaba sentado en la punta de un banco, con la cabeza baja, apenas podía verle la cara.
No sé porque extraña razón sentí la necesidad de acercarme, algo en mi corazón me inquietaba al verlo, aún sin conocerlo.
No sabía si tomarlo de las manos o simplemente quedarme callada al otro lado del banco.
La historia se repitió durante unas semanas, quizás transcurrieron algunos meses, no lo sé, creo que perdí en algún momento la noción del tiempo, ya no importaba.
Él seguía sentado en la punta del banco, y yo del otro lado sin saber que hacer, con unas ganas enormes de abrazarlo como si con eso bastará para robarle una mirada.
En una de esas mañanas sentí la necesidad de hablarle, pero mi cobardía fue mayor, por lo que elegí tomar un papel y escribir lo que sentía cada vez que lo veía, sólo, triste, allí sentado en aquel rincón gris y solitario.
Pero ese mensaje, por arte del viento fue a parar justo a sus manos antes de lo pensado:
Todos los días te voy a seguir
Eligiendo aunque no sepas lo feliz
Que me hace tu sola presencia.
Usted es esa personita
Increíble que decido
Esperar hasta que pueda
Recuperar su corazón
O volver a amar.
En ese momento no supe si salir corriendo o quedarme, aunque debo confesar que estuve más cerca de correr que permanecer. Pero también en ese momento tuve la certeza de lo que se escondía en su mirada…
Natalia
No sé porque extraña razón sentí la necesidad de acercarme, algo en mi corazón me inquietaba al verlo, aún sin conocerlo.
No sabía si tomarlo de las manos o simplemente quedarme callada al otro lado del banco.
La historia se repitió durante unas semanas, quizás transcurrieron algunos meses, no lo sé, creo que perdí en algún momento la noción del tiempo, ya no importaba.
Él seguía sentado en la punta del banco, y yo del otro lado sin saber que hacer, con unas ganas enormes de abrazarlo como si con eso bastará para robarle una mirada.
En una de esas mañanas sentí la necesidad de hablarle, pero mi cobardía fue mayor, por lo que elegí tomar un papel y escribir lo que sentía cada vez que lo veía, sólo, triste, allí sentado en aquel rincón gris y solitario.
Pero ese mensaje, por arte del viento fue a parar justo a sus manos antes de lo pensado:
Todos los días te voy a seguir
Eligiendo aunque no sepas lo feliz
Que me hace tu sola presencia.
Usted es esa personita
Increíble que decido
Esperar hasta que pueda
Recuperar su corazón
O volver a amar.
En ese momento no supe si salir corriendo o quedarme, aunque debo confesar que estuve más cerca de correr que permanecer. Pero también en ese momento tuve la certeza de lo que se escondía en su mirada…
Natalia
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