jueves, 3 de marzo de 2011

Un corazón herido.

Un día caminando por la calle me cruce con él, estaba sentado en la punta de un banco, con la cabeza baja, apenas podía verle la cara.
No sé porque extraña razón sentí la necesidad de acercarme, algo en mi corazón me inquietaba al verlo, aún sin conocerlo.
No sabía si tomarlo de las manos o simplemente quedarme callada al otro lado del banco.
La historia se repitió durante unas semanas, quizás transcurrieron algunos meses, no lo sé, creo que perdí en algún momento la noción del tiempo, ya no importaba.
Él seguía sentado en la punta del banco, y yo del otro lado sin saber que hacer, con unas ganas enormes de abrazarlo como si con eso bastará para robarle una mirada.
En una de esas mañanas sentí la necesidad de hablarle, pero mi cobardía fue mayor, por lo que elegí tomar un papel y escribir lo que sentía cada vez que lo veía, sólo, triste, allí sentado en aquel rincón gris y solitario.
Pero ese mensaje, por arte del viento fue a parar justo a sus manos antes de lo pensado:

Todos los días te voy a seguir
Eligiendo aunque no sepas lo feliz

Que me hace tu sola presencia.
Usted es esa personita
Increíble que decido
Esperar hasta que pueda
Recuperar su corazón
O volver a amar.

En ese momento no supe si salir corriendo o quedarme, aunque debo confesar que estuve más cerca de correr que permanecer. Pero también en ese momento tuve la certeza de lo que se escondía en su mirada…

Natalia

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