jueves, 3 de octubre de 2013

Y un día aprendí.

Me había pasado toda la vida enojada, cuestionando, preguntando porque esto, porque aquello. No entendía como a pesar de todos los esfuerzos, eso que tanto quería no estaba. ¿Cómo era posible? me preguntaba, he hecho todos los deberes, cumplí paso a paso el plan minuciosamente diseñado y aún así había fallado. Pase noches enteras despierta, desvelada, con la preocupación de encontrar en que parte del plan me había equivocado, y cada noche al no hallar la respuesta más me enojaba. Y con el tiempo ya no estaba enojada, sino desilusionada, y con el correr de aún más tiempo ya no estaba desilusionada sino que ya no confiaba. Una mañana me encontró como tantas otras dormida sobre la mesa, sin encontrar nada, más que el dolor por no lograr lo que tanto soñaba. Y fue en medio de ese dolor que una luz apareció. Y así un día aprendí que era contra con mí con quien luchaba y decidí ser mi mejor aliada. Y así un día aprendí que sólo soltando podía obtener lo que tanto amaba. Natalia

miércoles, 2 de octubre de 2013

Mi verdad.

No sé muy bien si lo que siento es verdadero, pero como explicarlo si el corazón pareciera querer salir, ese escalofrío recorre todo el cuerpo, una lágrima emociona y de ahí surgen esas palabras que parecieran pronunciadas por otro. ¿Qué es esto si no es mi verdad? ¿Qué es esto si no es mi propósito en este mundo? Que felicidad se siente al poder ver, simplemente ver. Es tiempo, llego el tiempo. Ese momento tan esperado y anhelado. Esta fuerza fue madurando internamente, a veces casi en silencio y otras veces dando gritos de dolor que se podían escuchar al otro lado del océano. Nunca creí todas esas palabras que decían, no lo podía ver entonces no podía creer, hasta que entendí que tenía que tener fe y que en el momento justo iba a ocurrir, ni antes ni después, ya estaba planeado mucho antes de que lo pudiera ver y era sólo dejarlo suceder. Natalia

sábado, 28 de septiembre de 2013

La niña que le temía a las alturas.

Había una vez una niña que le temía a las alturas, no importaba cuanto tratarán de convencerla, le seguía temiendo a las alturas. Cada mañana al despertar observaba desde su ventana esa montaña tan majestuosa, se veía en su cima, pero enseguida recordaba que le temía a las alturas. Muchas noches la encontraron al pie de la montaña, inmóvil, luego de tantas horas sin poder dar un paso. Y la vida así paso hasta que un día no lo resistió. Un día se dio cuenta de que quizás mañana no estaría, de que cada día es un milagro y también un desafío, de que la vida pasa y necesitaba encontrar un sentido, de que tarde o temprano ese sueño se cruzaría en su camino. Fue así como una mañana muy temprano decidió afrontar su miedo y con incertidumbre emprendió el camino. Se prometió ir paso a paso, no exigirse por demás, pero sobre todo se prometió confiar. Y así fue subiendo y de a poco olvidaba sus miedos, y cuando menos lo sospecho dio el paso que a la cima la llevo. Natalia

domingo, 4 de agosto de 2013

La niña que nació para ser feliz

Había una vez una niña que nació para ser feliz, sus ojos irradiaban luz, alegría, sorpresa y encanto. Pero a medida que fue creciendo, se fue distanciando de su destino, aprendió a calcular, a saber que no se puede confiar, que había gente que no era feliz y que iba a hacer lo imposible para que ella tampoco lo fuera. Sin embargo, a pesar de todo, esa niña ya mujer, no se daba por vencida, seguía luchando por ser feliz. Se encontraba con gente que le decía como tenía que ser, como comportarse, que decir, que callar, caso contrario, no le caería bien a mucha gente, que por supuesto, no deseaban ver a una persona feliz. Con el tiempo se fue convenciendo, de que quizás el mundo en que vivía tenía razón, se decía a menudo con sorpresa: “que fácil les resulta decir te odio y cuan difícil pronunciar un te amo”, “que fácil les resulta voltear la cara en lugar de dar un abrazo”, “que fácil les resulta juzgar y que difícil escuchar”. Por momentos, en su propia soledad, recordaba su misión y sus ojos volvían a irradiar luz, alegría, sorpresa y encanto, pero al despertar a la realidad que vivía, se convencía de que tenía que volver a ocultar sus ojos, debía taparlos, esconderlos, hacer lo que fuera para no mostrar que si existía la felicidad, que si existía un lugar donde la gente podía perderse en la mirada de otro y sentir a través de sus ojos. Un día cansada y dolorida de aguantar ese mundo gris, decidió que su propio mundo sería de color, que ya no le importaría las palabras, consejos, demandas del mundo exterior, ya no concebía mentirse, tratar de convencer a su mente, calmar a su corazón…… y fue ese mismo día que comenzó a ser feliz.