Ir, ir y seguir yendo fueron las palabras que resonaban en sus oídos, Ir, ir y seguir yendo hacia su meta, en busca de aquello que tanto soñó, por lo que mucho lucho, aquello que hacía que las noches fueran de insomnio, que la descubría sonriendo sin tener motivos.
Siempre supo en el fondo de su corazón que algún día lo conseguiría, a pesar de esas noches en las que la oscuridad todo lo teñía, tratando de robarle esa sonrisa y provocándole un mar de lágrimas, en las cuales parecía no haber palabras que consuelen, en las que no había salvavidas posible de usar, en las que el camino se veía difícil de transitar.
Nunca negó que el camino fuera arduo, sin embargo, sólo se repetía una y otra vez: “ir, ir y seguir yendo”. Seguir mirando hacia delante, sin temor por lo que ya paso, sabiendo que fueron lecciones que debía aprender para seguir marchando.
Nunca negó que hubo días en que la respiración se le acabo, que quedo sin aliento gritando con dolor, que el corazón se partía de la desesperación.
Nunca negó la soledad que provoca desafiar cada mirada de aquella gente que le decía que vivía equivocada, que dejará ya de andar, que para que luchar.
Pero también sabía que no existía sensación más alentadora que haber llegado, que haber alcanzado eso que tanto anhelo, haber logrado una sonrisa en otros, un abrazo de gratitud, una palabra desde el corazón.
Es por eso que ella apostó seguir yendo aunque en el fondo supiera, que nunca se termina el camino y tendrá que elegir una vez más ir, ir y seguir yendo… hacia una nueva meta, un nuevo sueño, una noche más de insomnio llena de risas y sobre todo llenas de paz en su corazón.
Siempre supo en el fondo de su corazón que algún día lo conseguiría, a pesar de esas noches en las que la oscuridad todo lo teñía, tratando de robarle esa sonrisa y provocándole un mar de lágrimas, en las cuales parecía no haber palabras que consuelen, en las que no había salvavidas posible de usar, en las que el camino se veía difícil de transitar.
Nunca negó que el camino fuera arduo, sin embargo, sólo se repetía una y otra vez: “ir, ir y seguir yendo”. Seguir mirando hacia delante, sin temor por lo que ya paso, sabiendo que fueron lecciones que debía aprender para seguir marchando.
Nunca negó que hubo días en que la respiración se le acabo, que quedo sin aliento gritando con dolor, que el corazón se partía de la desesperación.
Nunca negó la soledad que provoca desafiar cada mirada de aquella gente que le decía que vivía equivocada, que dejará ya de andar, que para que luchar.
Pero también sabía que no existía sensación más alentadora que haber llegado, que haber alcanzado eso que tanto anhelo, haber logrado una sonrisa en otros, un abrazo de gratitud, una palabra desde el corazón.
Es por eso que ella apostó seguir yendo aunque en el fondo supiera, que nunca se termina el camino y tendrá que elegir una vez más ir, ir y seguir yendo… hacia una nueva meta, un nuevo sueño, una noche más de insomnio llena de risas y sobre todo llenas de paz en su corazón.
Natalia


1 comentario:
Hola Natalia, me gustaron mucho las tres últimas...porque son las únicas que leí! Me encantaros los relatos, sobre todo porque tocan temas que considero fundamental en la vida...el amor y los sueños!
besos, Santiago+
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